REDESCUBRIR GALÁPAGOS

Juventud que conserva

MADELEYN

REDESCUBRIR GALÁPAGOS

Muchos no le tomamos la importancia que merece a Galápagos. Pero cuando tienes el privilegio de participar en actividades como estas, tu percepción cambia

Santa Rosa

Muchos no le tomamos la importancia que merece a Galápagos. Pero cuando tienes el privilegio de participar en actividades como estas, tu percepción cambia

Santa Rosa

Madeleyn vive en Santa Rosa, una zona rural de la isla Santa Cruz y como la mayoría de los jóvenes de Galápagos, siempre estuvo rodeada de naturaleza. Sin embargo, fue al convertirse en parte de Guardianes de la Vida Marina cuando comprendió que conocer un lugar y entender su verdadero valor no son necesariamente la misma cosa.

Aunque ya participaba en un club ambiental de su comunidad, fue la invitación a formar parte de Guardianes de la Vida Marina, proyecto ejecutado por Fundación ECOS, con la Dirección del Parque Nacional Galápagos como organización asociada y el financiamiento del Galápagos Life Fund, la que le permitió vivir la conservación desde una perspectiva completamente distinta. Lo que comenzó como una oportunidad para aprender se transformó en una experiencia que fortaleció su compromiso con el cuidado de Galápagos.

Desde el momento en que fue invitada a participar en el proyecto, había una experiencia que esperaba con especial ilusión: los campamentos de monitoreo de tortugas marinas. Soñaba con vivir de cerca ese momento en el que las tortugas emergen del océano, observar cómo buscan el lugar adecuado para anidar y acompañar el trabajo de quienes las estudian y protegen.

La realidad superó sus expectativas.

Los campamentos eran sencillos y exigentes. Cada participante debía ayudar a preparar los alimentos y estar listos para varios días de trabajo en condiciones rústicas. Pero para Madeleyn, esa era parte de la experiencia. Durante las noches recorría las playas junto al equipo, observando la llegada de las tortugas, ayudando a medirlas, colocarles marcas de identificación y proteger los nidos para contribuir a su conservación.

Además de las jornadas nocturnas, participó en el monitoreo de manglares y lagunas costeras. Entre todas las actividades, esa terminó convirtiéndose en su favorita.

“En los manglares aprendes muchísimo sobre la vida marina. Empiezas a reconocer diferentes especies de peces y a entender cómo todo está conectado”, cuenta.

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Más allá de las técnicas de monitoreo y de los conocimientos científicos que adquirió, hubo algo mucho más profundo que cambió en ella.

Como galapagueña, reconoce que muchas veces damos por sentado el lugar donde vivimos.

“Muchos no le tomamos la importancia que merece a Galápagos. Pero cuando tienes el privilegio de participar en actividades como estas, tu percepción cambia. Empiezas a entender por qué tantas personas dedican su vida a conservar estas islas y piensas: ‘¡Wow! Vivo en un lugar único donde ocurren todas estas cosas’.”

Ese descubrimiento despertó en ella un nuevo compromiso. Hoy quiere seguir participando en iniciativas de conservación, convencida de que cada experiencia no solo le permite aprender, sino también aportar con su tiempo y esfuerzo al cuidado del patrimonio natural de las islas.

 

“Muchos no le tomamos la importancia que merece a Galápagos. Pero cuando tienes el privilegio de participar en actividades como estas, tu percepción cambia. Empiezas a entender por qué tantas personas dedican su vida a conservar estas islas y piensas: ‘¡Wow! Vivo en un lugar único donde ocurren todas estas cosas’.”

- MADELEYN

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Su mayor deseo es que más jóvenes tengan la oportunidad de vivir lo mismo. “Espero que todo lo que hicimos no se quede solo en un recuerdo para quienes participamos. Ojalá muchos otros puedan experimentar estas actividades y descubrir, como yo, por qué vale la pena proteger Galápagos.”

A otros jóvenes les deja también una invitación: buscar maneras de involucrarse en este tipo de actividades y comprender que, como futuros líderes, ellos también pueden sumar al cambio.

Porque, para Madeleyn, la conservación no debería ser un recuerdo reservado para quienes participaron en el proyecto. Espera que cada vez más niños y jóvenes tengan la oportunidad de descubrir la riqueza de las islas desde la experiencia, comprender por qué son únicas y convertirse, ellos también, en protagonistas de su protección.

Historias como la de Madeleyn recuerdan que la conservación no solo protege especies y ecosistemas; también transforma la manera en que las personas se relacionan con el lugar al que llaman hogar. Y, a veces, el primer paso para cuidar un territorio es volver a mirarlo con nuevos ojos.